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Mundo sediento, mundo violento

El pasado 24 de febrero, The New Yorker publicaba un artículo en su edición digital firmado por Michael Specter bajo el título “Un sediento, violento Mundo”.

En el artículo, Specter comienza introduciendo un conflicto relativamente habitual en Pakistan: las calles de Karachi se inundan de manifestantes hasta el punto de obligar a la policía a intervenir. Estas protestas, sin embargo, no están relacionadas con antiamericanismo o restricciones a la libertard de expresión, como de costumbre. Esta vez la cuestión gira en torno al acceso al agua.

Recientemente, el Ministro de Defensa, Energía y Agua anunció que las reservas de agua en breve serían incontrolables. Aunque la realidad es que a día de hoy cada pakistaní dispone de un tercio de agua en comparación a la disponible en 1950.

Pero esta situación no es exclusiva de Pakistán. El cambio climático, el aumento de población o la demanda de carne (y, por consiguiente, del agua requerida para alimentar al ganado), lleva a muchos países a estados de emergencia.

Las calamidades que sufre el planeta, afirma Specter, están interrrelacionadas y se impulsan entre ellas. Los cambios físicos que experimenta el planeta (calentamiento, alteración del régimen de lluvias, contaminación) se rereflejan en problemas para la sociedad como el acceso a agua potable o el hambre.

Aunque el hambre puede que afecte sólo a determinadas áreas del planeta, la crisis del agua es global. California sufre actualmente su cuarto año consecutivo de sequía, lo que supone la peor crisis en 1200 años y que ha originado el abandono de cultivos. Según Wateraid, la escasez de agua provoca al año más muertes que Boko Haram. En India, hay hospitales que tienen dificultades en acceder a agua para esterilizar el material quirúrgico. En Sao Paulo, Brasil, se ha llegado a poner en duda la disponibilidad de agua a un mes vista.

El ciclo del agua es claro, y la cantidad del elemento como tal no hay variado significativamente en millones de años. Sin embargo, la población y su uso ha aumentado exponencialmente, como así lo ha hecho su accesibilidad a consecuencia de la alteración en el patrón de sequías e inundaciones. El éxito de la especie humana, comprendido éste como avances tecnólogicos y un alto nivel/tren de vida, conduce a una mayor contaminación del agua como consecuencia de la actividad industrial y a un uso intensivo de esta en actividades de agricultura y ganadería.

La palabra “rivales” proviene del vocablo latín rivalis, que a su vez proviene de rivus: “riachuelo”, “arroyo”. El resultado de la inacción en cuanto al consumo del agua probablemente conduzca a la confontación directa, a la rivalidad en su sentido más literal: la(s) guerra(s) del agua. Y es que, aunque podamos tener maneras de reemplazar el petróleo, el gas o el carbón, la alternativa sintética al agua no existe en la actualidad.

Así como el cambio a energías alternativas no se realizará hasta que la situación económica lo demande, parece que permaneceremos inalterables hasta que tengamos demasiada sed.

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Imagenes: Forges.


El artículo original del cual se ha realizado este extracto y traducción, fue publicado en la versión on-line de The New Yorker el 24 de febrero de 2015 bajo la firma de Michael Specter.

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