Puentes vivientes 2: el valle de Iya

A vuelta con los puentes vivos, se ve que en Japón también les gustan. En el valle de Iya, en el extremo oriental de la isla de Shikoku,

En este caso, para las “construcciones vivientes”, los japoneses emplean plantas del género Wisteria. Las glicinias (que así se llaman), incluyen una serie de especies de enredaderas de rápido crecimiento, una de las razones por la cual fueron elegidas para estas construcciones (por supuesto, es también empleada como planta ornamental).

Para construirlo, se plantaba una glicinia a cada lado del río (en este caso el río Iya), y una vez que éstas crecían lo suficiente, se tejían juntos. Una vez se contaba con la planta a lo largo de todo el cauce, se intercalaban tablones, lo que les hacía un tanto más estables. Eso sí, los puentes originales carecían de pasamanos, lo que les convertía en sólo aptos para intrépidos (o guerreros, refugiados y bandidos, que parece ser que fueron quienes los idearon).

Hoy en día ya están mucho mejor preparados, como podéis ver aquí.

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